miércoles, 25 de enero de 2012

How much is enough?

Después de tres años, vuelvo a postear un tema muy similar al anterior: la legalidad y la internet.
* Google anunció hoy un cambio en su política de privacidad y condiciones del servicio. La idea es condensar todos los servicios y perfiles en una sola cuenta de usuario, con un solo perfil. El tema está bastante bien detallado para quien tiene ganas de pasarse media hora leyéndolas. Hay cuestiones de derechos de autor y publicaciones que suelen ser desconocidas por los usuarios.
* En Argentina, la tarjeta SUBE es el medio de pago del transporte público de pasajeros. Para obtener la misma, que controla el Estado Nacional, es necesario dar datos de referencia (Documento, Nombre, etc.). Es de sentido común que los registros de los viajes se guardan para calcular el saldo disponible de la tarjeta. También es de sentido común que constituye un riesgo de seguridad personal, pese a que algunos optimistas lo nieguen.
* Trello es un software colaborativo online, que permite "organizarlo todo, juntos", y que consiste en poder llevar una agenda compartida y comentada respecto a las actividades del grupo de trabajo interesado.
* Ning es un software que nos permite armar nuestro propia Red Social, y podemos logearnos con nuestras cuentas de Facebook y Google (Princing > Princing Plans > Viral Tools > Sign In with...).
Con todo esto, tan magnífico por cierto, yo me pregunto algunas cosas de sentido común.
Si en el futuro, Google comprara Trello -cosa nunca imposible, pese a tener Google Calendar-, Google podría saber mis datos personales -Google+-, gastos -Google Wallet-, fotos -Pikaza-, videos -YouTube-, documentos -Google Docs-, horarios de reuniones, con quién hablé de qué tema -Trello-, qué temas estoy enseñando en la Universidad, a qué hora y desde qué IP comenté sobre el comentario de un alumno -Ning-, etc. Todo esto, multiplicado por al menos ¿1.500 millones de personas? O sea, el 25% de la población del mundo...
De todas formas, me queda algo: SUBE. Google nunca comprará SUBE. Pero eso no importa. Lo que importa es que si bien Google es bastante difícil de hackear, SUBE no lo es. Pero eso tampoco importa; lo que importa verdaderamente es la Justicia, o mejor: Inteligencia judicial, o sea, Policía.
Bajo las debidas sospechas -que ni Google ni SUBE evaluarán si es pertinente o no- la Justicia de cualquier país puede solicitar información personal a Google para alcanzar "el cumplimiento de la ley" (léanse las Política de Privacidad > Información que compartimos > Por motivos legales). [No viene al caso, pero esto incluye proteger la Propiedad Intelectual de terceros].
Ahora bien, más allá de la teoría conspirativa que la CIA utiliza la base de datos de 800 millones de usuarios de Facebook para estudiar sus movimientos -sería raro que "no" lo hiciera...-, o que la Justicia pudiera pedir información privada entre privados para "hacer cumplir la ley" -lo cual sí debiera hacer-, el punto de interés es, para mí, otro, y tiene que ver con la Política de Estado.
Google, Facebook, Microsoft, tienen miles de millones de dólares disponibles para realizar Minería de Datos para mejorar sus servicios -lo cual es, en cierto sentido, el corazón de su negocio: mejorar los servicios sin encuestas a los usuarios, dándoles "lo que ellos desean"-, pero el Estado, no. En muchos estados, realizar Inteligencia interna está prohibido. Entonces, en mi opinión, lo que importa en todo esto son las garantías individuales; nada más, ni nada menos.
Cuando las Constituciones modernas nacieron, se apoyaron en el ofrecimiento de las garantías individuales dentro del marco legal, que se resume como garantizar y respetar los derechos ajenos. Pero también, nacieron como un modo de ponerle freno al Estado totalitarista de las monarquías, diviendo el poder en Tres Poderes y limitando la acción del Estado sobre el individuo, especialmente en su privacidad. La "política de privacidad" de la Constitución (CN19) es mucho más benévola con el individuo de lo que es la de Google et al. Sin embargo, hoy en día los Estados son vistos con peores ojos que Google, Anonymous, etc.
Personalmente, creo que el punto crucial es este: "Semejante volumen de información es peligroso para cualquier individuo", y creo que ese es el "espíritu" de las Constituciones, y este "espíritu" se está quebrando... Naturalmente, hay otros bemoles: la entrega de información es voluntaria -gran problema- y el Estado no se define sólo por la información, sino por el Poder Judicial, que ni Google ni Facebook ni Microsoft tienen, aunque se reconozcan sus colaboradores en sus Políticas de Privacidad. Y volvemos, entonces, al origen...
¿Estamos volviendo al Estado totalitarista, pre-moderno -y no postmoderno-, a través de terciarizar el Estado en megaprivados como Google, Facebook, Microsoft...?
Cuando se separó la Iglesia del Estado, se pronunció "El Estado no es dios". Y no, no lo es. Ahora, digo, Google... ¿es dios? ¿O Facebook es dios?
¿No vemos que en el Estado hay tres jugadores, pero que con los privados sólo hay dos y por dinero [$2.0]? ¿Qué nos ciega para ver esto claro?
¿Tal vez nuestra tan vapuleada necesidad de pertenencia institucional, que nos "obliga a hacer lo que no manda la ley" -como subir fotos, videos, pagos, documentos...- y "privarnos de lo que ella no prohíbe" -como tener intimidad íntima-? ¿Es decir, nuestro deseo de ser "clientes globales" de Facebook y renunciar a nuestra ciudadanía voluntariamente?
¿O será nuestra necesidad de confiar en la bondad humana, en la "fraternidad, libertad e igualdad" la que nos empuja hacia el mito 2.0?
¿O quizás la ilusión, la necesidad, de Totalidad...? Y si así fuera, ¿es esta la totalidad anhelada, el Dios a quien "están reservadas" nuestras "acciones privadas"...?
En una línea semejante al Estado, ¿son Facebook, Google, Microsoft "instituciones sagradas", que van más allá de los países, las lenguas, las razas...?
Y su contracara: ¿Está la internet al borde de una guerra de "religiones" virtual y soslayada?
¿Será que el Estado "privatizó" a la religión del ciudadano y 300 años después le regresa pública, magnificada y disfrazada? ¿Será esto "la sociedad postmoderna": el fin del Estado de bienestar y el regreso al totalitarismo, ahora virtual (v.gr.: "el control de internet")?
Y un poco más, ¿estamos frente a una faz del retorno de las divinidades femeninas, borradoras de fronteras? Tal vez, sea éste el único modo que tenemos de significar, de darle sentido, a lo que nos pasa subjetivamente con la "globalización"; tal vez, sea un proceso de aunamiento antes de volver a diferenciarnos...
Dejo las preguntas abiertas, porque no tengo las respuestas. Sólo tengo la inquietud: "¿Por qué compartimos nuestras vidas privadas con Facebook, Google, Microsoft, etc. echando por tierra voluntariamente las garantías individuales de privacidad que los Estados nos ofrecen y que, sin nuestra colaboración, no pueden defender pero sí explotar?".

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